Hola, mi nombre no importa, sólo soy uno más de los miles de cazadores que tenemos metida en la sangre la pasión de sentir una ladra, la emoción de ver un venado corriendo a través del monte y sobretodo escuchar un marrano rompiendo la jara. Parece que el corazón se va a salir del pecho, no existe nada igual.
Sin embargo tambien soy de ese grupo de, como yo los denomino, cazadores de a pie. Tengo la costumbre de comprar revistas con DVDs sobre moterias y batidas, cuando las veo me pregunto ¿será verdad?, !que cantidad de reses!, !que pedazo de venados y marranos!, y sueño, porque soñar no cuesta dinero, que alguno como esos o más pequeños, me da igual, pasará algún día por mi puesto.
Llevo algunos años en este mundo, y durante los los mismos he asistido a engaños, (desalmados socios que quieren pagar su coto a nuestra costa a sabiendas que no hay ni un marrano), ganchos con mas de 100 puestos, todos ellos doblados y algunos otros en los que tengo la impresión de ser gafe. Se comenta que el año anterior se mataron mas de 30 gorrinos, y piensas, este va a ser el mio. Sacas el puesto y el postor de dice que es un buen puesto, que el año pasado tiró dos marranos. Vas ilusionado al puesto, termina el gancho y no has visto ni a los perros. Llegas a la junta y aparecen las excusas, me han pisteado la mancha esta noche, han quemado neumáticos, han echado bolas de alcanfor, los marranos estaban aquí ayer, los frios han hecho que los marranos se vayan, y así un montón; y me digo !joder! siempre me toca a mí, así que vuelvo a casa desengañado y cabreado, pero esa sensación sólo dura un día, porque al día siguiente ya estoy deseando ir a otra.
Mis amigos me dicen que no escarmiento y que es preferible ir a una buena que a cinco malas.
Creo que no y les digo que prefiero ver cinco veces a mis amigos, hablar de los lances, aunque sean pocos, que haya podido tener alguno, sentir el olor de la sierra, oir el latido, aunque sea lejano, de algún perro y comerme unas habichuelas en un plato de plastico sentado en una piedra que ir a una donde no conozco a nadie, donde te sirven unos camareros de etiqueta, donde todos van vestidos del Corte Inglés, y donde si matas un marrano sólo lo ves en la foto que te haces al final.
No se si con el tiempo cambiaré o quizá me toque la lotería, pero hoy por hoy me considero un cazador montero de a pie.
jueves, 20 de diciembre de 2007
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